¿Qué trigo resistirá mejor las campañas extremas? La Inteligencia Artificial tiene la respuesta.

Partilhar

Investigadores de la Universitat de Barcelona y Agrotecnio aplican sensores aéreos y modelos predictivos para identificar variedades de trigo duro más estables ante sequía, calor y cambios bruscos en el clima.

11-06-2026  

La campaña de cereal de invierno ha comenzado en un escenario especialmente complejo para muchas zonas productoras. Tras un invierno con abundantes precipitaciones, el cultivo se ha enfrentado después a un cambio de situación marcado por temperaturas anormalmente elevadas, estrés térmico mantenido y ausencia de lluvias en momentos decisivos del ciclo.

Este contraste climático amenaza con reducir de forma importante la cosecha de cereal de invierno en numerosas explotaciones. El exceso de agua en invierno ha dificultado labores, abonados y accesos a determinadas parcelas, mientras que el calor posterior y la falta de precipitaciones en primavera han acelerado el desarrollo del cultivo y han afectado a fases tan sensibles como la floración y el llenado del grano.

En este contexto, la búsqueda de variedades de trigo capaces de mantener su productividad en campañas cada vez más irregulares ya no es solo una cuestión científica, sino una necesidad estratégica para el campo. La combinación de drones, sensores avanzados e inteligencia artificial se perfila como una herramienta clave para seleccionar genotipos más resistentes y fiables frente al cambio climático.

Un equipo de investigadores de la Universitat de Barcelona y del centro Agrotecnio ha desarrollado una metodología que permite identificar variedades de trigo duro con mayor capacidad de adaptación a condiciones de sequía, calor y variabilidad ambiental. El trabajo, publicado en la revista científica Plant Phenomics, plantea una forma más precisa y eficiente de evaluar el comportamiento real del cultivo en campo.

La estabilidad productiva, una prioridad para el agricultor

El estudio parte de una idea fundamental: no basta con que una variedad de trigo sea muy productiva en condiciones favorables. En un escenario climático como el actual, lo verdaderamente importante es que sea capaz de mantener un rendimiento razonablemente estable cuando la campaña se complica.

Para el agricultor, la estabilidad productiva es una variable decisiva. Una variedad que ofrece buenos resultados un año, pero cae de forma brusca ante el calor, la sequía o los cambios en la disponibilidad de agua, puede convertirse en un riesgo. En cambio, un trigo que mantiene una respuesta más regular permite planificar mejor, reducir incertidumbre y mejorar la rentabilidad de la explotación.

La investigación se centró en trigo duro y analizó 64 variedades cultivadas en dos ambientes mediterráneos contrastados de España, con ensayos tanto en regadío como en secano. El objetivo era comprobar qué genotipos combinaban dos cualidades esenciales: buen rendimiento y estabilidad ante condiciones ambientales variables.

Este enfoque encaja directamente con la realidad de las campañas actuales, en las que el cereal puede pasar de un invierno húmedo a una primavera seca y calurosa en apenas unas semanas. En esas circunstancias, seleccionar solo por productividad máxima puede ser insuficiente. La clave está en identificar variedades que no se hundan cuando el clima cambia.

Fenotipado de precisión desde el aire

La innovación principal del estudio reside en el uso de fenotipado de alto rendimiento. Dicho de forma sencilla, se trata de observar y medir el comportamiento de las plantas de manera masiva, precisa y no destructiva, utilizando tecnología avanzada.

Para ello, el equipo empleó sensores terrestres y drones equipados con cámaras RGB, multiespectrales y térmicas. Estas herramientas permitieron seguir la evolución del cultivo durante todo su ciclo, obteniendo información sobre el vigor de las plantas, el estado del dosel vegetal, la temperatura foliar, la actividad fotosintética y el proceso de maduración.

Los drones, al volar sobre las parcelas de ensayo, captan datos que el ojo humano no puede detectar con la misma precisión. A través de imágenes multiespectrales y térmicas es posible conocer cómo responde cada variedad al estrés hídrico o térmico, si mantiene actividad vegetativa, si acelera su senescencia o si consigue orientar mejor sus recursos hacia el grano.

Esta metodología tiene una ventaja práctica muy importante para los programas de mejora genética: permite evaluar muchas variedades al mismo tiempo, de forma rápida y sin necesidad de intervenir directamente sobre el cultivo. Frente a los métodos tradicionales, basados en mediciones manuales y cosecha individual de microparcelas, el fenotipado aéreo reduce tiempos, costes y carga de trabajo.

En una campaña marcada por la incertidumbre, poder obtener información antes de la cosecha resulta especialmente valioso. Los datos recogidos durante el ciclo del cultivo pueden ayudar a anticipar qué variedades tienen más probabilidades de mantener un rendimiento aceptable y cuáles pueden verse más penalizadas por el estrés climático.

Inteligencia artificial para convertir imágenes en decisiones

La captura de datos es solo una parte del proceso. El verdadero valor aparece cuando esa información se interpreta correctamente. Por eso, el estudio combina los sensores y los drones con modelos de inteligencia artificial capaces de detectar patrones complejos entre las imágenes obtenidas y el comportamiento final del trigo.

Los investigadores utilizaron modelos de aprendizaje automático para predecir tanto el rendimiento como la estabilidad productiva de las variedades analizadas. Estos modelos aprenden a relacionar señales captadas durante el desarrollo del cultivo con el resultado final en cosecha.

En la práctica, la inteligencia artificial permite transformar miles de datos procedentes de imágenes, sensores y variables ambientales en información útil para la toma de decisiones. Así, los programas de mejora pueden seleccionar antes las líneas más prometedoras y descartar aquellas que muestran menor adaptación a condiciones adversas.

Este punto es especialmente relevante en un momento en el que el cereal se enfrenta a campañas más difíciles de prever. La alternancia entre excesos de lluvia, golpes de calor y periodos secos obliga a trabajar con herramientas que no solo midan el rendimiento final, sino que ayuden a comprender por qué una variedad resiste mejor que otra.

La IA aporta precisamente esa capacidad: analizar grandes volúmenes de información, encontrar relaciones que no siempre son evidentes y generar predicciones útiles para acelerar la selección varietal.

Cuando madurar antes puede ser una ventaja

Uno de los aspectos más interesantes del estudio es que no siempre las plantas que permanecen verdes durante más tiempo son las más convenientes. Aunque tradicionalmente el carácter “stay-green” se ha asociado a una mayor capacidad de mantener actividad fotosintética, en condiciones mediterráneas no siempre se traduce en mayor rendimiento o estabilidad.

Los resultados apuntan a que las variedades más interesantes fueron aquellas que combinaban un buen vigor inicial con una maduración algo más temprana. Este comportamiento puede permitir al cultivo aprovechar mejor los recursos disponibles y completar fases críticas antes de que el calor extremo y la falta de agua dañen de forma severa el llenado del grano.

En campañas como la actual, este matiz resulta especialmente importante. Cuando el invierno aporta agua suficiente, pero la primavera se vuelve seca y calurosa, una variedad capaz de arrancar con fuerza y completar su ciclo en el momento adecuado puede tener ventaja frente a otra que alarga demasiado su permanencia verde sin traducirlo en grano.

La selección varietal, por tanto, no debe limitarse a buscar plantas aparentemente más vigorosas al final del ciclo. Debe analizar el equilibrio completo entre desarrollo, maduración, uso del agua, resistencia al calor y rendimiento final.

Una herramienta útil para la mejora genética y la agricultura de precisión

El trabajo de la UB y Agrotecnio se enmarca dentro de una tendencia cada vez más clara: la incorporación de tecnologías digitales a la mejora vegetal y a la agricultura de precisión.

Durante décadas, uno de los grandes cuellos de botella de los programas de selección ha sido la dificultad para evaluar miles de plantas en condiciones reales de campo. La genética ha avanzado con rapidez, pero medir de forma eficiente cómo se comporta cada variedad en ambientes cambiantes seguía siendo una tarea lenta y costosa.

Los drones y la inteligencia artificial están cambiando esa realidad. Ahora es posible observar grandes ensayos con una precisión antes impensable, comparar variedades de forma objetiva y generar modelos predictivos que ayudan a reducir los tiempos necesarios para llevar nuevas variedades al agricultor.

Para el sector cerealista, esta tecnología puede ser especialmente valiosa. El trigo es un cultivo esencial en la alimentación y en la cadena agroalimentaria, pero su rentabilidad depende cada vez más de factores climáticos difíciles de controlar. En zonas mediterráneas, donde el estrés térmico y la irregularidad de las lluvias son cada vez más frecuentes, contar con variedades más estables puede marcar la diferencia.

Además, esta metodología puede complementar otras decisiones agronómicas: elección de fecha de siembra, manejo del riego, abonado, selección de parcelas, seguimiento del cultivo y planificación de cosecha. La mejora genética y la agricultura de precisión dejan de ser caminos separados para convertirse en herramientas complementarias.

Tecnología para producir con menos incertidumbre

La campaña actual vuelve a recordar la vulnerabilidad del cereal de invierno frente a los extremos climáticos. Un invierno con exceso de agua puede dar paso a una primavera seca y calurosa, reduciendo en pocas semanas unas expectativas que parecían favorables al inicio del ciclo.

Ante esta realidad, seleccionar variedades más resilientes se convierte en una prioridad. La investigación liderada por la Universitat de Barcelona y Agrotecnio demuestra que los drones, los sensores avanzados y la inteligencia artificial pueden ayudar a identificar con mayor rapidez qué trigos tienen mejor comportamiento en condiciones difíciles.

El valor de esta tecnología no está únicamente en producir más, sino en producir con mayor seguridad. Para el agricultor, la estabilidad puede ser tan importante como el rendimiento máximo, especialmente en un escenario climático donde cada campaña es más imprevisible.

El futuro del cereal pasa por combinar conocimiento agronómico, mejora genética, datos de campo y herramientas digitales. Y en ese camino, los drones y la inteligencia artificial ya están empezando a ofrecer respuestas concretas a uno de los grandes desafíos del sector: encontrar variedades capaces de resistir mejor el cambio climático sin comprometer la productividad.

Fonte: MTH